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miércoles, 28 de mayo de 2014

Represaliados del Valle de Valdebezana

Cuando hablamos de represaliados del Valle de Vedebezana nos referimos a todos aquellos que sobrevivieron al genocidio de Franco, aunque sufrieron represión. Sobre los ciudadanos que murieron hemos hablado en la anterior entrada Valle de Valdebezana. Como se señala en aquel enlace, sabemos que murieron 53 personas que sepamos. Y en este otoño del 2011 conocemos que al menos 94 personas del municipio fueron represaliados.En este territorio enclavado en la ladera sur de la Sierra del Escudo, en las primeras estribaciones de la Cordillera Cantábrica, en Las Merindades, sus habitantes han crecido oyendo historias de las batalla, jugando en restos de trincheras y posiciones defensivas, refugios antiaéreos. El Valle de Valdebezana se encontraba el frente cuando empezó la Batalla de Santander.
Así, continuamos con otra pieza más del gran puzle para ir recabando más datos sobre la magnitud de la represión franquista. Esta es una muy lista incompleta, que necesitan de vuestra mejora. Igualmente es muy grande la diversidad de casos, sin ayuda la dificultad de recogerlos en insalvable: Represión cotidiana, vejaciones, abusos y humillaciones (rapado de pelo, el aceite de ricino, emborrachar niños….), EXILIO, Milicianos del ejército de la República, Castigos económicos (Robos, multas e incautaciones), Depuraciones y perdidas del puesto de trabajo, Prisión Torturas y batallones de trabajo.
El blog es como un cuaderno de apuntes que lo vamos completando día a día con las modificaciones que se nos envíen, para el cual necesitamos: Biografía/Fotografía. Somos conscientes de que se trata de unlistado incompleto. La mayor parte de los datos que presentamos proceden del tribunal provincial de Burgos, es información de juzgados, conseguida con el esfuerzo de las gentes del foro de la memoria y otros recogiéndolas. (Nos faltaría investigar en los Archivos Municipales y los juzgados de Villarcayo (actas de responsabilidades políticas), y sobre todo recoger las pequeñas historias.
Más en:

viernes, 15 de marzo de 2013

Francisco Conde Calvete


Francisco Conde Calvete era natural de Buño, Malpica y residía en Gijón. Estaba casado. Perteneció a la Guardia de Asalto de esta ciudad asturiana. Al parecer, iba en un grupo de guardias de Asalto y de la Guardia Civil, al mando del capitán Carón y del teniente Sousa y se pasó a los milicianos. En el Consejo de guerra al que se le sometió el 8 de noviembre de 1937 fue condenado a la pena capital. Fue fusilado el día 9 del mismo mes y año.
Ver:

domingo, 1 de julio de 2012

El delito de ser "rojas"

Una manzana las condenó en el Génesis y la Historia del Hombre las redujo al sexo débil. En el Día Internacional de la Mujer, cuando la lucha se dirige a la búsqueda de la igualdad 'real', no hay que olvidar a las víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista. Sin ellas, 'no se entendería la actual sociedad democrática'.

Lo dijo el general Gonzalo Queipo de Llano en los primeros días del golpe de Estado que acabó con el Gobierno democrático de la II República: “Estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora, sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”. Y no se libraron. Cientos de mujeres pacedieron el escarnio público. Sufrieron vejaciones, violaciones, humillaciones y represiones que no acabaron el 1 de abril de 1939, con el fin de la Guerra Civil. Para las mujeres, hermanas o hijas de “rojos”, fue el principio del suplicio. De una vida de persecución y también de rechazo social. “De marginación”. El objetivo del régimen no era eliminarlas, sino dar ejemplo con ellas. Las humilló rapándolas, primero, y paseándolas, después, por las plazas del pueblo, para que tuvieran presente su mácula de “rojas”. Quiso avergonzarlas y anularlas y lo consiguió.
No solo tapó sus bocas y las relegó a un segundo lugar, sino que, durante la transición y también durante la democracia, fueron las grandes olvidadas. Sin embargo, para resarcirlas, en septiembre del año pasado, la Junta aprobó un decreto para que las mujeres andaluzas que padecieron formas de represión sobre el honor, la intimidad y la propia imagen durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura recibieran una indemnización de 1.800 euros a “modo de reparación moral y reconocimiento a su papel en la construcción de la actual sociedad democrática”. Justicia aprobó 94 de las 206 solicitudes recibidas. De ellas, siete fueron de Jaén. Nuria López Priego/Jaén.
En:
http://www.diariojaen.es/index.php/menuprovincia/noticias-provinciales/33284-el-delito-de-ser-rojas

sábado, 5 de mayo de 2012

Ricardo Limia: "Yo fui un esclavo del franquismo"


Cuando le preguntaban de dónde era, él respondía que de Salvochea, una aldea a tres kilómetros de Riotinto, en Huelva. "Cada vez que lo decía, me pegaban una paliza. Había que llamarla El Campillo, como a ellos les gustaba", recuerda ahora Ricardo Limia a sus 94 años. Esos "ellos" a los que hace referencia son los fascistas de todo pelaje que le arruinaron media vida. Y no sólo por no permitir llamar a su pueblo con el apellido del mítico revolucionario y anarquista Fermín Salvochea que le dio nombre durante los años previos al estallido de la guerra. La toponimia aquí es lo de menos. Ricardo Limia fue un esclavo del franquismo.
Acabada la guerra, el régimen naciente aprovechó la mano de obra esclava para la construcción de una ambiciosa infraestructura destinada a poner en riego más de 50.000 hectáreas en Sevilla y Cádiz. El resultado es lo que aún hoy es el Canal del Bajo Guadalquivir, conocido como el Canal de los Presos. Salidos de campos de concentración como el de Los Merinales, allí trabajaron miles de personas en condiciones extremas de 1940 a 1962, en uno de los mayores empeños represores franquistas. "Cuando la CGT hizo la primera investigación sobre el canal, encontramos a unos 30 supervivientes. Que nos conste, Ricardo es el último que queda vivo, al menos en Sevilla. He dado charlas por todo el país y no he encontrado a más. Desde luego ninguno ha contactado con nosotros", afirma el activista de la CGT Cecilio Gordillo,defensor de la dignificación del campo de Los Merinales.
Ricardo recibe a Público en Dos Hermanas (Sevilla), donde vive junto a su hijo, José Luis, en una casa próxima a Los Merinales. "Tras estallar la guerra, me escondí un año por la sierra de Huelva, junto a otros milicianos. De allí salió un destacamento de mineros de Huelva a la Pañoleta para luchar en el frente. Fue un engaño. Los mataron a todos. Yo me salvé porque iba detrás en una moto", cuenta Ricardo, que a veces vacila y otras se emociona durante el relato. "Todas las noches dormía escondido detrás de un árbol con un ojo abierto. La gente era mucho más mala que ahora", repasa. Tras ser reclutado a la fuerza y descubierto su plan para pasar a la zona republicana, fue condenado a cadena perpetua en 1937, pena conmutada luego por trabajos forzados. A sus 21 años y habiendo sido secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas de Riotinto, era carne de canal.

Huidas y fusilamientos

"Los presos morían de hambre, enfermedades, palizas... No lo podéis imaginar. Como te desviaras una mijita, te castigaban. Más tarde o más temprano, caían sobre ti", recuerda Ricardo. Él era encargado de llevar la contabilidad de la construcción y controlar los carburantes. "Me salvó todo lo que aprendí en Salvochea. Como era una colonia minera controlada por los ingleses, sabía leer y escribir, porque ellos obligaban a aprender a todos los niños", recuerda sabiéndose casi un afortunado. "No tuve que cargar piedras. Si no, no hubiera llegado a los 94 años", reflexiona. "Pero en el campo era uno más. Dormíamos todos en los barracones, en el suelo. Me podían mirar mejor o peor según el día, pero era un preso. Era un esclavo, como todos", recalca.
Ricardi asegura que durante su estancia en el campo se libró por los pelos de una condena a muerte por ayudar a unos presos a escapar. Esquivó el paredón gracias, asegura, a la intercesión de uno de sus jefes, Tomás Valiente. Durante años, cuenta su hijo, se despertó llorando de miedo y de confusión tras unas pesadillas que le recordaban cómo, tras aquel episodio, los guardias lo sacaban por la noche para fusilarlo y luego lo devolvían entre risas al barracón.
Ricardo, que ha sido homenajeado por la Asociación Memoria Histórica y Justicia, tiene ahora ante sí, enmarcada, la declaración del Ministerio de Justicia que declara que fue perseguido por razones políticas. "Cuando la recibí, me emocioné. Pero es tarde. Muchos inocentes que ya no están han tenido que vivir toda la vida siendo tachados de delincuentes", dice.
El único buen recuerdo del campo para Ricardo es que allí conoció a Margarita, que iba a llevar ropa a su hermano. Se casaron tras abandonarlo en 1942 y regresar a Riotinto, donde sacó plaza de jefe de estación. "Me declaré culpable de los robos en los vagones. La gente lo hacía por hambre", recuerda. Lo echaron y se marchó a Sevilla. "Debía presentarme cada día en el cuartel. Un día llegué tarde. Me dieron una paliza", cuenta. Estuvo vigilado hasta 1963. Luego montó una panadería. Y llegó a ser uno de los líderes de este gremio en Dos Hermanas.
(Serrano/Munarriz)
En:
http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/358067/ricardo-limia-yo-fui-un-esclavo-del-franquismo

sábado, 28 de abril de 2012

El Valor de un Juramento


El Valor de un Juramento. Militares y milicianos en defensa de la República es el título de un libro de Javier Rodríguez González y Enrique Berzal de la Rosa.
De la reseña:
El libro ‘El valor de un juramento. Militares y milicianos en defensa de la República’, obra de los historiadores Javier Rodríguez González, profesor de la Universidad de León, y Enrique Berzal de la Rosa, profesor de la Universidad de Valladolid, pretende contribuir a ello a través de la recuperación histórica de aquellos militares y miembros de las milicias que desarrollaron un papel de primer orden en la defensa de la legalidad vigente en las provincias que forman la actual Comunidad Autónoma de Castilla y León.
Editado por la Fundación 27 de Marzo de la UGT, que dirige Fermín Carnero, este libro es el resultado de un proyecto de investigación impulsado por dicha Fundación y subvencionado por el Ministerio de Presidencia.
La obra reconstruye la Guerra Civil en las localidades que conforman actualmente la Comunidad Autónoma a través de la peripecia vital de aquellos militares y milicianos más relevantes por su actuación en defensa de la legalidad vigente.
Ver:
http://www.cazarabet.com/lalibreria/fichas38/valor.htm