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domingo, 25 de agosto de 2013

La repercusión de la Segunda Guerra Mundial entre los japoneses

La repercusión de las guerras de la época contemporánea en la población civil de retaguardia es una cuestión de enorme interés historiográfico porque es evidente que dicha población se convierte en blanco u objetivo del conflicto, con toda la carga de tragedia y sufrimiento que ello conlleva y que en épocas anteriores fue menor, sino, también porque, altera la “normalidad” de las vidas y del conjunto social en todos los aspectos. Otra cuestión importante de estudio es la relación entre los estados y los gobiernos con sus sociedades en relación con la guerra, con el esfuerzo bélico y con la nueva organización económica que se plantea. El caso de la Segunda Guerra Mundial es, en este sentido, paradigmático. No fue igual la relación entre los estados democráticos y sus sociedades respectivas que los totalitarios con las suyas. En este trabajo nos acercaremos al caso japonés, ejemplo de estado totalitario y de sociedad controlada.

En los comienzos de la Segunda Guerra Mundial el gobierno japonés aplicó un vasto programa de austeridad para preparar a la población civil ante los inevitables sacrificios que se avecinaban. En primer lugar, se ideó una campaña publicitaria para fomentar esa austeridad sobre la idea de que la extravagancia era el enemigo.

La población japonesa acató las medidas del gobierno, habida cuenta del autoritarismo y conservadurismo imperante desde los años treinta. Los japoneses empleaban un tiempo para realizar sesiones de ejercicio dictadas desde la radio dirigida por el estado. La dieta alimenticia se restringió. Se creó el denominado “almuerzo del Sol Naciente”, llamado así por su parecido con la bandera japonesa. El plato consistía en una ciruela pasa sobre arroz blanco. Los monjes zen prescindieron del arroz y mantuvieron una dieta de frutas y verduras.

A partir del año 1940, la gasolina quedó completamente racionada y por la noche, ciudades como Tokio, quedaron cerradas al tráfico. Se formaron grupos patrióticos de mujeres con la tarea de informar a las autoridades sobre cualquier despilfarro de combustible, especialmente, de hombres que fueran en coche hacia el distrito de las prostitutas.

La ropa también sufrió los embates de la guerra y se incluyó en el plan de austeridad y exaltación patriótica. Se instó a las mujeres a abandonar los vestidos de estilo occidental y los kimonos de complicada confección, a favor de blusas y pantalones bombachos de trabajo o “mompe”, propios de las campesinas. Se prohibió el maquillaje, se cerraron los salones de belleza y se impuso la moda de cortes de pelo severos.

En relación con los hombres, también se obligó al cambio de vestimenta. Se instó al abandono del traje occidental y su sustitución por uniformes de color caqui con polainas y gorras militares. El cuero se expropió para fabricar botas militares, y muchos civiles tuvieron que calzarse con los pesados zuecos de madera, propios del mundo rural.

Al avanzar la guerra, el constante flujo de hombres jóvenes hacia los distintos frentes provocó una evidente carencia de mano de obra. Las autoridades japonesas instaron a la población a que se hicieran más y mayores contribuciones al esfuerzo económico y militar. Los niños se encargaron de la recogida de carbón y de las tareas más sencillas. Los estudiantes adolescentes pasaron a trabajar en el campo y en las industrias, mientras que las mujeres jóvenes debían dedicarse al fomento de la natalidad. Aunque Japón siempre había sido un país con un grave problema de superpoblación, y éste se había convertido en una de las justificaciones de su agresiva expansión política, militar y territorial, se fue consciente que para que se consolidase dicha expansión por el continente asiática era necesaria la emigración de japoneses para la colonización de las nuevas posesiones imperiales. Por eso se fomentó la natalidad, estableciendo una campaña que pretendía que nacieran unos tres millones de niños al año. Se prohibió todo tipo de control de la natalidad, se establecieron agencias estatales matrimoniales y escuelas para novias con el fin de preparar a las mujeres jóvenes para casarse con los soldados. El estado pagaba la boda y la educación de los hijos. Aquellas parejas que pudieran formar una familia numerosa tendrían más recompensas. También, se crearon concursos de bebés sanos por todo el país.

Pero las mujeres japonesas no solamente contribuyeron con el aumento de la natalidad al esfuerzo patriótico y bélico del Japón. Se les encomendó, también, la tarea de mantener alta la moral. Para ello existía la Organización Femenina de la Defensa Nacional que coordinaba un conjunto de actividades en este sentido: organizaba las despedidas de soldados que iban al combate en las estaciones de trenes, encargaba a las mujeres para que escribieran cartas de apoyo a los soldados y organizaba campañas en las calles con mujeres para crear insignias simbólicas, como las denominadas “cintas patrióticas” y banderas del Sol Naciente, con el concurso de los transeúntes. Esas insignias se enviaban a los soldados como amuletos o talismanes, aunque más para que supieran que contaban con el apoyo de sus compatriotas civiles y, muy especialmente, gracias al esfuerzo de las mujeres. Las “cintas patrióticas” eran piezas de tela decoradas con puntadas realizadas por la gente en las calles. Cuando una cinta tenía unas mil puntadas era enviada a un soldado como símbolo de la confianza y la fe de las mujeres japonesas. En el caso de las banderas del Sol Naciente, se llenaban con mil caracteres japoneses del “poder”.

En los tiempos de las grandes y veloces victorias militares japonesas se generó en el país una oleada de fervor patriótico y militarista de enorme magnitud, quizás no alcanzada por ningún otro país en la historia contemporánea. La propaganda oficial se encargó de animar ese espíritu, reconociendo que las tropas japonesas eran la encarnación moderna del espíritu de los samuráis. Esa fiebre contagió a las propias madres, que vestían a sus hijos pequeños con uniformes militares. Los maestros en las escuelas enseñaban las glorias militares japonesas a sus alumnos y que aquellos que no terminaran por servir en lo que se consideraba una verdadera “guerra santa” quedaría avergonzado socialmente de por vida. Los monjes budistas, ejemplo de la no violencia, sucumbieron a esta marea militarista: respondieron a la llamada para alistarse.

Por último, debemos recordar la importancia de la religión en la sociedad japonesa. Las autoridades animaron a la población a rezar en público, especialmente en el Templo Yasukumi de Tokio, lugar donde se creía que residían las almas de los soldados caídos. El propio emperador Hiro-Hito presidió un solemne ritual Shinto en Yasukumi, cuando, al comienzo de la guerra entregó más de diez almas de oficiales que habían caído en China, convirtiéndolos en inmortales. Al ir creciendo el número de muertos en la guerra, se hicieron continuos los rezos ante el Templo.




(Nota: para la elaboración de este texto nos hemos basado en el coleccionable sobre La Segunda Guerra Mundial, en el tomo I dedicado a Japón en Guerra (volumen 71), de Times-Life Books, publicado en España por Ediciones Folio, 1998).

martes, 5 de junio de 2012

Dibujos sobre el Gulag


En Rusia ha aparecido una colección de 130 dibujos que muestran e ilustran la vida en el gulag soviético. Estos dibujos han sido publicados en el Reino Unido con el título de Drawing from the Gulag. En las imágenes podemos ver escenas de torturas, algunas de tipo sexual, empleadas en interrogatorios, métodos de ejecución, mientras que otra parte nos ilustran sobre la forma de vida en los campos: clases de re-educación y trabajos forzados. Recordemos que en este blog se ha dedicado especial importancia al estudio del gulag soviético.
Estos dibujos no fueron realizados por un preso sino por un antiguo oficial de la NKVD. Este hecho es de capital importancia porque son los primeros dibujos realizados por un miembro del sistema totalitario soviético y no elaborados por reclusos, como los que se conocían hasta ahora. El oficial se llamaba Danzig Baldaev y conocía muy bien el funcionamiento de los campos de trabajo, ya que llegó a visitar docenas de los mismos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La Campaña de las Cien Flores

La Campaña de las Cien Flores fue una iniciativa de Mao Zedong y Zou Enlai para fomentar la crítica intelectual y constructiva en el seno del Partido Comunista y del Estado chinos como medio para fortalecerlos. Su nombre procedía de una antigua frase: “dejar florecer cien flores, dejar competir cien escuelas de pensamientos”. La Campaña se dio entre los años 1956 y 1957. Aunque comenzó de forma tímida, muy pronto se desató una verdadera avalancha de críticas hacia la cúpula del Estado y del Partido, en la primavera de 1957, ya que no solo los intelectuales, sino también los estudiantes y otros grupos sociales, participaron. 


La apertura de un cauce donde expresarse libremente terminó por provocar la reacción de las autoridades comunistas. La Campaña se canceló y se mandó a la cárcel a un grupo numeroso de críticos. Se iniciaba una verdadera purga utilizando el conocido método totalitario comunista de la autodenuncia.

lunes, 21 de marzo de 2011

Vientos amargos

Vientos amargos es el título de las memorias de Harry Wu. El autor nació en Shangai en el año 1937 en el seno de una familia acomodada. En la Universidad estudió Geología y fue acusado por sus compañeros de ser un "derechista", pese a que realizó "autocríticas" públicas. Fue encarcelado durante casi dos décadas en Laogai (1960-1979). En su obra se cuenta su vida en este gulag chino, las penurias sufridas, especialmente el hambre que mataba a muchos presos, los castigos físicos, las torturas y el control rígido al que se estaba sometido. Pero sus memorias son un canto a la lucha por sobrevivir.




La familia de Wu también sufrió la persecución del estado totalitario chino: su madastra se suicidó al conocer su detención, su padre fue acusado también de "derechista" y enfermó. Su hermano pequeño quedó mentalmente trastornado cuando fue acusado de lo mismo.



Cuando Wu fue liberado se halló con sus delatores y éstos le contestaron. "todos sufrimos juntos lo sucedido". El autor decidió rehacer su vida en los Estados Unidos.



Podemos leer el libro en castellano en la editorial "Libros del Asteroide".

domingo, 13 de febrero de 2011

Cartas a Stalin

La Editorial Veintisiete Letras ha publicado el libro Cartas a Stalin de Mijail Bulgákov y Eugeni Zamiatin. La obra recoge las cartas que estos dos grandes escritores rusos dirigieron a Stalin en relación con sus respectivas situaciones personales, entre el silencio, el ostracismo y la amenaza de la cárcel o la represión. Para ambos no poder escribir era un castigo terrible, mortal y eso les enfrenta con el poder. No lo cuestionan, solamente piden indulgencia, poder seguir escribiendo. Por todo esto el libro promete ser muy interesante porque puede darnos muchas claves sobre el funcionamiento de un sistema totalitario en relación con sus víctimas intelectuales.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Mednoe Memorial Complex

El Mednoe Memorial Complex es un centro de memoria en Mednoe, una ciudad de la región rusa de Tver al norte de Moscú. En dicha ciudad la policía política soviética (NKVD) abrió una serie de fosas comunes en un bosque en las que enterraron a miles de presos ejecutados. Muchas de estas personas eran rusos que fueron arrestados tras la aprobación de una ley que prohibía la asociación con extranjeros, ya que se consideraba como una amenaza para la seguridad nacional. También hay enterrados soldados polacos que se entregaron al ejército soviético creyendo que con ese acto salvaban la vida. El Mednoe Memorial Complex cuenta todas estas intensas y terribles historias humanas dentro de un sistema político totalitario como fue el soviético, creador del horror del gulag.

Su página web:

http://www.gulagmuseum.org/museums/museum_15/kartochka_eng.htm