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domingo, 31 de mayo de 2009

El trabajo de la mujer a principios del siglo XX: nuevo testimonio

En estos días nos estamos centrando en las condiciones laborales, salariales y de vida de los trabajadores y de las trabajadoras, tanto en España como en otros lugares, en los siglos XIX y XX. También fueron víctimas de un sistema que sólo perseguía el lucro, producir más, y la máxima productividad olvidando el factor más importante, el humano, el de los trabajadores y trabajadoras.
En este nuevo artículo vemos, de nuevo, la situación del trabajo femenino:

"Los que tenéis esposas o hijas en estas cabernas llamadas fábricas y veis llegar por la noche fatigadas después de once horas de trabajo y que como compensación a tan horrenda jornada os dicen que el trabajo les va mal, que les han bajado el salario, que aquella semana ganarán muy poco, que es intolerable lo que se abusa con ellas, vosotros, repito, que oís de vuestros queridos seres unas quejas tan amargas, y tan justas, ¿no os remuerde la conciencia? (...)
(...) es la mujer la más explotada de todos los explotados y por lo tanto merecedora que su liberación sea en lugar preferente, y de todas las mujeres, es sin duda alguna la del arte fabril la que sufre más penalidades, tanto por su larga jornada como por sus condiciones de trabajo".

"El sindicalista" (1912)

domingo, 24 de mayo de 2009

Trabajadores infantiles en fábricas de algodón

Insertamos un nuevo texto sobre el trabajo infantil en las fábricas de algodón en el siglo XIX. El fragmento es de Fernando Garrido Tortosa, un personaje muy poco conocido pero muy interesante del siglo XIX, destacado revolucionario y propagador de las ideas socialistas:

"En nuestras fábricas de algodón se emplea niños principalmente, traídos como rebaño de los establecimientos de caridad. Nadie los conoce ni tienen por ellos el menor interés.
Encerrados en departamentos reducidos, donde es pestilente el aire por las emanaciones grasientas de las luces y la máquinas, los aplican a un trabajo que dura todo el día y que muchas veces se prolonga hasta muy avanzada la noche. Estas circunstancias, el desaseo y los cambios frecuentes de temperatura que experimentan al entrar y salir, son origen de una multitud de enfermedades y particularmente de las afecciones nerviosas tan comunes en estos talleres.
Cuando terminan su aprendizaje, queda, por lo general, endebles e inútiles para los trabajos fatigosos y sostenidos; las niñas no saben coser y carecen de los conocimientos y cualidades a propósito para ser buenas madres de familia."

De su obra, Historia de las clases trabajadoras, Madrid, 1870.

La jornada de las trabajadoras a comienzos del siglo XX

Siguiendo nuestro acercamiento a la situación laboral de los trabajadores se incluye un texto sobre la jornada de las trabajadoras a la altura de 1910:

"(...) Muchos de nosotros permitimos que nuestras compañeras se levanten del lecho a las cinco de la madrugda mientras nosotros continuamos descansando.
Y cuando la mujer acaba de dejar su sangre durante doce horas para mantener a su explotador, llega a casa y, en vez de descanso, se encuentra con otro burgués -compañero- que con la mayor tranquilidad espera que le haga todas las tareas domésticas."

Dictamen del Congreso de la CNT, en 1910.ç

Comprobamos cómo ya en esa fecha se era consciente, por parte de algunos sindicalistas, de la doble jornada laboral de la mujer: en el trabajo y en casa. Insistimos, estamos en 1910.