domingo, 5 de enero de 2014

Alemanes al servicio de la República

En la guerra civil española se dio la circunstancia de que se enfrentaron alemanes, italianos y rusos, al haber miembros de estos tres países en los dos bandos. Si Franco contó con la decisiva ayuda de alemanes e italianos en su lucha contra la República, ciudadanos de estos dos países combatieron en las Brigadas Internacionales, aunque en número menor. El caso ruso sería al revés: un pequeño grupo de rusos blancos se puso al servicio de la causa de los rebeldes y, en cambio, fue mucho mayor y decisiva la presencia de soviéticos en el lado republicano.

En este breve trabajo nos acercaremos al caso de los alemanes que sirvieron a favor de la causa republicana en España. Para ello, nos basaremos en el artículo de Walther L. Bernecker, “Hoy nuestra patria está en Madrid”, en Historia 16, número 182 (1991), pags. 12 y ss.).

En la España de los años treinta había una importante colonia alemana formada por empresarios, comerciantes, etc.., de tendencia conservadora. Muchos de ellos, una vez que Hitler subió al poder en Berlín, terminaría por afiliarse la Organización en el Extranjero del Partido Nazi. Además, es conocida la colaboración de muchos de esos alemanes con la Gestapo y los servicios secretos nazis. Pero había otro grupo de alemanes de signo político distinto y que se habían exiliado en España huyendo de los nazis. Eran intelectuales, o personas de izquierda o, simplemente, demócratas, que decidieron instalarse en la España de la II República. No sólo se diferenciaban del otro grupo por sus ideas, sino, también, por su situación económica, harto precaria, ya fuera por sus propios orígenes sociales en Alemania, ya por encontrarse en el exilio.

Cuando estalló la guerra civil, los alemanes exiliados en España tenían muy claro que participar en la misma era una manera de enfrentarse a los nazis, especialmente, cuando se comprobó la ayuda decisiva de Hitler a Franco. El caso de los italianos era, lógicamente, muy parecido. Si Franco era derrotado supondría la primera pérdida para los dictadores fascistas. Ya en agosto de 1936 el KPD, es decir, el Partido Comunista Alemán hizo un llamamiento a los alemanes para que fueran a luchar por la República Española, y envió a Hans Beimler para organizar milicias de alemanes.

Había un tercer grupo de alemanes en España, unos recién llegados cuando estalló el golpe del 18 de julio. Se trataba de los deportistas que iban a participar en las Olimpiadas populares de Barcelona, los juegos organizados como la respuesta a las Olimpiadas de Berlín. Eran alemanes antifascistas y se alistaron inmediatamente en las milicias recién creadas en Cataluña. En la Columna de Durruti se alistaron muchos alemanes, siendo el tercer grupo de extranjeros más numeroso, detrás de franceses e italianos. Formaron una unidad de algo más de 100 miembros, la conocida como Centuria Erich Mühsam. Además, en la División Lenin del POUM, el batallón Josep Rovira tenía muchos alemanes entre sus miembros. En agosto se creó la Centura Thälmann, no adscrita oficialmente a ningún partido o sindicato, aunque bajo control comunista, en la que la mayor parte de sus 180 voluntarios, era de nacionalidad alemana.

Cuando se crearon las Brigadas Internacionales llegó la segunda oleada de alemanes. Eso ocurría en el otoño de 1936. Pero conviene señalar que la mayoría de los alemanes que combatieron en España eran emigrantes o exiliados frente a los que vinieron directamente de Alemania por razones obvias, ya que era muy difícil salir del país. Casi todos los brigadistas alemanes eran comunistas.

En las Brigadas Internacionales lucharon unos cinco mil alemanes. La mayor parte de los brigadistas alemanes estuvieron integrados, junto con austriacos, suizos, holandeses y escandinavos, en la Brigada XI, bajo el mando del general Kléber. Esta brigada se subdividió en cuatro batallones: Thälman y Edgar André con mayoría alemana, y Hans Beimler con escandinavos y 12 de Febrero de mayoría austriaca.

Entre los brigadistas alemanes destacaron los escritores y periodistas, como Egon Erwin Kisch o los hermanos Erika y Klaus Mann, y otros desempeñando responsabilidades como oficiales, comisarios o simples soldados soldados, dejando muchos escritos, artículos, memorias y novelas. Recordemos que la guerra civil ha sido, junto con la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más literario de la historia contemporánea mundial.

Un aspecto de la guerra civil española que despertó mucho interés entre los sectores obreros alemanes fue la defensa de Madrid. Existen informes secretos del Partido Socialdemócrata que relatan el impacto de esta defensa entre los obreros y la esperanza de que tuviera algún tipo de repercusión sobre la dictadura nazi y el fascismo. Había un contraste entre la propaganda nazi y la realidad de la resistencia de la capital de España, que, al parecer, provocó un aumento del escepticismo de estos sectores hacia las noticias que oficialmente se distribuían en Alemania. Pero, en contrapartida, las noticias sobre la violencia en la retaguardia republicana, especialmente, la de signo religioso, repercutieron negativamente en las relaciones entre opositores comunistas y católicos en la resistencia contra los nazis. En todo caso, no cabe duda que para los demócratas y la izquierda alemana la guerra civil española era muy importante en la lucha contra el fascismo propio e internacional.

Con el paso del tiempo, el número de alemanes que luchaban en el lado republicano fue disminuyendo. Un grupo importante que resistió mucho tiempo era el de los más concienciados, el de los propagandistas, como los encargados de la radio “La Voz de España republicana”, una emisora instalada en Madrid y dirigida, en su servicio alemán, por comunistas. Otra emisora era “Radio Alemana Libertad 29’8” estaba ubicada en Pozuelo del Rey e iba dirigida a los oyentes en Alemania. La Gestapo se empleó con empeño en intentar que no se escuchara. Esta emisora insistió siempre en vincular los sucesos españoles con la realidad nazi alemana. Su último locutor, Hanns Maa Ben, trabajó en la emisora hasta el final de la guerra, hasta la misma entrada de las tropas franquistas en la capital. Fue hecho prisionero y encarcelado.


La suerte de los brigadistas alemanes al disolverse las Brigadas Internacionales no fue muy buena. Ellos no podían regresar a su país, como muchos de sus compañeros de otras nacionalidades. La mayor parte se quedó en Cataluña para seguir luchando por la República y luego corrieron la misma suerte de tantos republicanos que cruzaron la frontera francesa en el invierno de 1939. Y con esos republicanos españoles fueron internados en los campos franceses. Muchos de ellos terminarían siendo entregados por el régimen de Vichy a la Gestapo después de la ocupación nazi de Francia. Se calcula que solamente unos mil antifascistas alemanes sobrevivieron a la guerra mundial. Los que eran comunistas ortodoxos pudieron prosperar en la RDA, pero la suerte de los que se quedaron en la RFA no fue tan buena.