martes, 31 de enero de 2012

Papel de váter para seguir siendo un hombre libre

Las curas en la enfermería del Reformatorio de Alicante eran espantosas. Con los pulmones inundados de pus, aquejado de una neumonía profunda y con el estado de ánimo destrozado, Miguel Hernández sabía que se estaba muriendo y que nadie iba a hacer nada por impedirlo. Miguel, el poeta cabrero, que pensaba que contra él no podía haber nada, había subestimado a sus enemigos. Podía haber huido, podía haberse retractado, pero se empeñó en agarrarse al clavo ardiendo en que se habían convertido sus principios y, a finales de 1941, ya se estaba abrasando.
Iba a caer al precipicio y sus fuerzas físicas y mentales se concentraban ya en lo verdaderamente importante y esencial, que en su caso era el amor por su mujer Josefina y su hijo Manuel Miguel. A ella le había entregado, en el lapso de tiempo entre su salida de la cárcel de Madrid y su nueva detención en Orihuela, la primera parte del Cancionero y romancero de ausencias, donde ya derramaba versos grabados a fuego en su carne, como "Yo que creí que la luz era mía, / precipitado en la sombra me veo". Y siempre sabiéndose libre, aunque el sol le pegara en la frente a través de una fila de barrotes: "Libre soy, siénteme libre, solo por amor", escribía.
A falta de otro material, en Alicante Miguel Hernández utilizó el papel higiénico para escribir, con su caligrafía refinada a pesar del medio, sus últimos textos. Se trataba de cuatro cuentos, dos de los cuales (Un hogar en el árbol y La gatita mancha y el ovillo rojo) han permanecido inéditos hasta ser publicados en el catálogo de la exposición Miguel Hernández. La sombra vencida, organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) e inagurada esta semana en la Biblioteca Nacional de Madrid. La edición es un facsímil que reproduce su origen tal y como se encontró: varias hojas de papel higiénico de 12 por 19 centímetros, cosidas por un hilo de color ocre.
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http://www.publico.es/culturas/340806/papel-de-vater-para-seguir-siendo-un-hombre-libre